“Estar con un travesti es estar con un tipo.

Lo dijo a lo bruto, sin filtros de ningún tipo: “Estar con un travesti es estar con un tipo. Si estás con un travesti es para manotearle el pito”. Eso se escuchó de la boca de Dady Brieva en el programa De caño vale doble que emite Radio 10. Y para terminar de responderle al conductor, Cecilio Flematti, quien le dio a elegir entre estar con un travesti o con un señor, el ex Midachi agregó: “Si no, ¿para qué vas a estar? ¿Me vas a decir que le agarrás las tetas y vas a creer que es una mujer? Eso es una relación homosexual, de dos tipos”. Expresiones polémicas, brutales y chabacanas, sin duda, pero obligan a preguntarse hasta qué punto reflejan a la sociedad, ante un tema que la atraviesa cada vez más.

“Primero hay que diferenciar entre travesti y transexual. Mientras el último cambia su sexo, el primero puede responder a gustos, al fetichismo que rodea la ropa de mujer, hay una gama muy amplia de situaciones”, señaló el sexólogo Adrián Sapetti, consultado por Veintitrés. En cuanto a los dichos de Brieva, consideró que probablemente el humorista se refiriera “al travesti que se ve obligado a prostituirse para sobrevivir. En ese caso, se debe tomar en cuenta que sus clientes no son homosexuales sino varones, muchos con novia o esposa, y que buscan justamente que tengan pene, una forma de cumplir la fantasía de la mujer no castrada, un modelo andrógino”.

En otras palabras, y visto desde el lugar de los clientes de “zonas rojas”, Dady podría haber dicho una verdad brutal, con cierto tufillo popular. Pero no hace otra cosa que desnudar el desconocimiento, la ignorancia de la sociedad con respecto al proceso de descubrir las necesidades o los gustos del propio cuerpo. La polémica no es novedosa, por cierto, ya el año pasado se había planteado a raíz de consideraciones de Jorge Lanata y Florencia de la Ve.

Fue Lizy Tagliani, travesti ex participante de Bailando por un sueño, quien le respondió a Dady: “Cuando amo no siento que esté teniendo una relación homosexual. Tengo bloqueado mi aparato reproductor masculino”. Y Brieva se ¿defendió? asegurando que “siempre fui respetuoso con la comunidad gay. Dije que no notaba la diferencia (entre una travesti y un hombre). Cuando miro a los travestis (sic) los miro como minas, pero si tuviera que tener sexo con ellos a la hora de elegir sabría que tiene pito”. En algunos casos más vale llamarse a silencio.

“La sexualidad no pasa por la genitalidad, la mano podría ser un órgano sexual. El vínculo amoroso con un travesti no se establece necesariamente para tocarle el pito –afirma Vanesa Vázquez Laba, doctora en Ciencias Sociales y coordinadora del Programa contra la Violencia de Género de la Universidad de San Martín (UNSAM)–. Debemos entender que la transexualidad o el travestismo no tienen que ver con la sexualidad, sino con un deseo que va más allá, con gustos, deseos, formas de vivir lo femenino y lo masculino en cuerpos que van mutando. No hay una sexualidad determinada, hétero u homo, no es algo estático”.

Según Vázquez Laba, “los vínculos tienen que ver con el otro más allá del cuerpo. Debemos elevar el nivel de análisis para que se pueda entender de qué estamos hablando. Si no, pareciera que es así, que todo se reduce a un análisis lineal de algo inmediatamente observable: es un varón, tiene pene, usa peluca. Pero no es así, hay un corrimiento de lo definido biológicamente como sexual. Hay que tenerlo en cuenta para desbaratar este tipo de discursos, tan chatos, tan homofóbicos, que no le hacen bien a nadie”.

La socióloga consideró, además, que “no necesariamente hay que ‘manotear’ un pene para establecer un vínculo sexual. Lamentablemente vivimos en una sociedad falocéntrica, todo pasa por el pene, pero en algunos casos no se usa ese aparato sexual hegemónico. Tampoco deberíamos hablar de relaciones hétero u homosexuales, porque no pensamos en ser una cosa u otra sino en tener vínculos y prácticas más allá de eso. Una mujer podría tener sexo con un varón mediante prácticas homosexuales”.

Para Vázquez Laba la cuestión obedece “a este período, la modernidad, que junto al capitalismo, nos encajó dos conductas sociales y sexuales que respondan a los modelos hétero y homo, pero en la antigüedad lo que hoy consideramos homo era natural. Es un dispositivo de poder de esta sociedad, podríamos pensar la posmodernidad como una etapa superadora en lugar de pensar que lo biológico es inamovible”.

De todas formas, la socióloga consideró que “hay un largo camino por delante para que la sociedad cambie. La Ley de Género colabora en visibilizar y no criminalizar, y algo está cambiando en los medios de comunicación. Pero hay una aceptación sin entender, no se discrimina, pero no hay percepción de la capacidad de transformación a la que podemos apelar. No se entiende que la diferencia sexual plantea abrir el juego para que cada uno elija”.

Coincide Lohana Berkins, responsable de la Oficina de Justicia, Identidad de Género y Orientación Sexual dentro del Observatorio de Género en la Justicia en la Ciudad de Buenos Aires: “Lo que demuestra Dady con sus dichos es su ignorancia en estos temas. Tenemos un país democrático y cada uno puede decir lo que quiera, pero lo que no se establece en eso de ‘digo lo que pienso’, es el autoritarismo de pensar qué es el otro. Cuando dice ‘son hombres’, ¿en qué se basa?, ¿cuál es su definición de hombría? ¿Incluye la actitud cliché de varones sesentones, de abandonar su esposa para vivir con una joven? ¿Es quemar a las mujeres? Lo grave es que las palabras que en él pueden ser una gracia, en sectores fundamentalistas reaccionarios toman otra dimensión, es un llamado a la violencia hacia determinadas personas”.

Fundadora y presidenta de la Asociación Lucha por la Identidad Travesti y Transexual (ALITT), Berkins comentó que no deja de asombrarse por “las terribles ansias de poner en tela de juicio y desde el disvalor la sexualidad del otro. Lo de Dady es demoledor para muchas compañeras que sufrieron tanto y están en proceso de aceptar su sexualidad, eso por no pensar en qué mensaje les da a sus hijos. Es volver a estandarizar de una manera retrógrada. Habrá tantas sexualidades como hombres y mujeres hay en el país”.

La también presidenta de la primera cooperativa-escuela de tejido para travestis “Nadia Echazú”, cree que las palabras del ex Midachi “reflejan lo que pasa en esta sociedad, represora, controladora. Dictamina que siempre vamos a ser hombres. Expresiones que demuestran que esta sociedad celebra la violencia y mata la diferencia”