Es la hija de Hermann Göring, uno de los lugartenientes de Adolf Hitler más próximos al todopoderoso führer, y no parece dispuesta a perder el dinero de su padre. Edda Göring quiere que le sea devuelto la fabulosa fortuna de su padre, que le fue intervenida durante los juicios de Nüremberg. Entre los bienes de los que se habla una extraordinaria colección de pintura privada

La ahijada de Hitler reclama legalmente la herencia

Hitler fue su padrino de bautizo y parecía derretirse cuando la pequeña Edda Göring, la hija de su número dos y comandante supremo de la Luftwaffe, daba sus primeros pasos en dirección a los brazos del Führer.

Después de la guerra, la princesa del Tercer Reich siguió frecuentando círculos pro nazis y durante décadas fue invitada habitual en Bayreuth, en la casa de los nostálgicos descendientes de Wagner. Su casa en el distrito muniqués de Lehel ha seguido siendo a pesar del paso del tiempo un icono para la alta sociedad alemana y Edda se las ha arreglado para evitar la publicidad y a los fotógrafos, a los que incluso se ha prohibido la entrada a los tribunales esta semana, cuando la hija de Hermann Göring ha acudido a exigir su herencia.

Y es que cuando se cumplen 70 años del final de la II Guerra Mundial, Edda Göring ha realizado una petición legal a las autoridades bávaras para que le sea devuelta la fortuna de su padre, que ella considera su legítima herencia y que nunca llegó a sus manos porque fue intervenida durante los juicios de Nüremberg, según publica el diario El Mundo.

En la solicitud que ella misma firma puede leerse: "Se trata de la petición de una compensación por la expropiación de mi herencia en 1948, los bienes que habían pertenecido a mi padre que fueron expropiados a título póstumo [Göring murió en 1946]". "Una compensación en forma de suma modesta en comparación con el ingente patrimonio de mi padre que me permita una vida digna".

No es el primer intento de Edda de recuperar al menos parte del tesoro de Göring y suyo propio y está en juego lo que queda de la fabulosa colección privada de arte de su padre, el mariscal del III Reich. Y es que el segundo hombre más poderoso del Tercer Reich era dueño al final de la guerra de casi 1.400 cuadros, 250 esculturas y 168 tapices antiguos, 200 muebles antiguos, 60 alfombras persas y francesas y 75 vidrieras, entre ellas gran cantidad de la Edad Media. Además poseía decenas de miles de valiosos libros, mapas y manuscritos.