Yuval – Teniente Coronel de la Fuerza Aérea
“Desde que era niño, estaba claro para mí, que cuando sea grande me convertiría en piloto”, dice Yuval Wagner, Teniente Coronel de la Fuerza Aérea. Después de completar su formación básica en la academia de vuelo, Yuval se unió al escuadrón de helicópteros y comenzó un curso de capacitación. A mediados de 1986, se unió al Escuadrón Norte Cobra.
Durante la última fase del entrenamiento de su escuadrón, él fue asignado a volar con el entonces comandante del escuadrón, el Teniente Coronel de Zion Bar-Or. “El clima estaba agradable. Una vez en el aire, sobre los Altos del Golán, el helicóptero comenzó a vibrar fuertemente. Antes de que pudiéramos reaccionar, se desvió a la izquierda y comenzamos a caer en espiral hacia abajo. Nos dimos cuenta que nos íbamos a estallar y tratamos de notificar en la radio, pero más tarde me di cuenta que la radio no funcionaba”.
El comandante murió en el acto. Yuval fue salvado por la unidad de la fuerza aérea 669. Su columna vertebral se rompió en el cuello y a partir de ese momento, quedó limitado a una silla de ruedas por el resto de su vida. Después de estar en cama durante tres semanas, Yuval comenzó el proceso de rehabilitación de ocho meses y al finalizar el proceso, el General de Brigada Shmulik le ofreció un puesto en la unidad de cálculo de la Fuerza Aérea de Israel. Más tarde comenzó estudios académicos como parte de su carrera militar, y regresó a la unidad con una licenciatura en Administración de empresas y tecnología de información.
Sin permitir que nada lo detenga, hace 13 años, creó la asociación “El acceso a Israel”. La organización tiene como objetivo mejorar la calidad de vida de las 500.000 personas con discapacidad en Israel, así como crear conciencia de las necesidades de los discapacitados.
“Mis hijos y nietos están orgullosos de mí. Ellos están orgullosos de mí por ser piloto y por trabajar en la Fuerza Aérea israelí”.
Dina – soldado de la Marina israelí
Dina nació con parálisis cerebral causado por la falta de oxígeno durante su nacimiento. Durante toda su vida, tuvo problemas con el caminar y ha tenido que usar silla de ruedas. Ella estaba muy motivada con pasar las primeras pruebas de ingreso en el ejército, pero por desgracia, quedó exenta del servicio. Pero Dina había decidido que no iba a aceptar un no por respuesta, y desde ese entonces hizo todo por convertirse en soldado de las FDI.
Sus padres al principio no apoyaron su decisión de persistir. “Tenían miedo de que el sistema militar no pueda ajustarse a mis necesidades y que termine sufriendo de la experiencia”, dice Dina. Pero ella estaba decidida a demostrarles que ella podría servir a su país. Después de varios intentos, Dina fue reclutada junto con otros voluntarios.
“Nunca olvidaré mi primer día. Como todo el mundo me había advertido, no fue fácil. Tomé por primera vez un autobús público que me llevara a la base. Los dos primeros autobuses en pasar, negaron detenerse por mí y bajar la rampa para la silla de ruedas. Yo estaba completamente desanimada, pero pensé que si nada había conseguido detenerme hasta ese momento, dos autobuses tampoco lo harán”. Con el tiempo me acostumbré al transporte público y los conductores de autobuses también se acostumbraron a mí.
Me he acomodado bien a la vida en el Ejército, tengo un buen comandante y un gran equipo de soldados que me rodea.
“Tengo la suerte de ser independiente, de contribuir y crecer. Me siento a gusto y siempre me recuerdo que nunca debo darme por vencida”.
Yehonatan – Capitán en la Unidad de Portavoz del ejército
Como resultado de una discapacidad severa, Yehonatan utiliza silla de ruedas y no puede mover sus manos. Necesita ayuda con la mayoría de las funciones del día a día, como comer, beber y bañarse. Con problemas de visión de manera significativa, depende de otros para leer en voz alta. Cohen nació dos meses antes de tiempo, y debido a falta de oxígeno al nacer, desarrolló parálisis cerebral.
A pesar de sus limitaciones físicas, el intelecto y la determinación excepcional de Cohen le han permitido tener éxito. Asistió a la escuela secundaria con estudiantes sin discapacidades y me gradué con honores.
El momento de enrolarse llegó y para Yehonatan como para mucho de los soldados, pertenecer al ejército es un deber personal: “La verdad es que es algo que ha estado conmigo desde la infancia. Somos una familia que cree que el Estado de Israel está por encima de todo. Es muy importante en nuestra educación y en los valores de nuestra familia”. Acompañado por su ayudante médico, Cohen se acercó a un oficial de la oficina de reclutamiento, pero por su condición fue exento del servicio. A pesar de ello, Cohen insistió en que el ejército lo aceptara como voluntario. Después de una larga lucha, Cohen finalmente cumplió su sueño y recibió la orden de alistarse en el ejército israelí.
Cohen consiguió un puesto distinguido en el Cuerpo de Educación. De inmediato se dió cuenta esto le permitiría difundir su pasión a otras personas de su edad. “Existe el requisito oficial de servir”, refiriendose a la obligación de todos los israelíes de alistarse en el ejército, “pero hay otra etapa, otro nivel, que es el privilegio de servir”, continúa.
Reconociendo su talento para la enseñanza, el ejército israelí lo promovió a un puesto en una unidad de élite de inteligencia. Después de varias promociones, llegó a su actual cargo como oficial de alto rango en la Unidad del Portavoz del ejército.“Hasta hoy, cada vez que estoy a punto de firmar una extensión de mi servicio, me digo: ‘Tal vez ya es suficiente, pero no, quería continuar y continué”.
“Creo que las personas con discapacidad tenemos que tratar en lo posible para entrar en la llamada sociedad “normal”, y se esfuerzan para continuar la revolución que estamos empezando en Israel y en todo el mundo. Somos parte de esta sociedad. Sigamos adelante y continuemos luchando”.
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