lunes, 25 de noviembre de 2013

Dialogos al amanecer (III) (0 puntos)

viene de Dialogos al amanecer II

O: ¿Pero qué es lo que muere cuando muere el individuo ?

C: cuando se comprende que la división no existe, la muerte nada significa. El cese del cuerpo, eso es totalmente trivial. Cuando se aprehende la inexistencia de la división se rompe el hechizo de mi oscuridad, y veo que existe un movimiento, y eso es todo. Uno ha abolido totalmente el miedo a la muerte.

Decimos que la fuente de esta iluminación no se encuentra en el proceso material; que no tiene causa. Este destello ha alterado completamente el patrón establecido por el proceso material. El proceso material actúa en la ignorancia, en la oscuridad por lo tanto, ha tomado él mismo una dirección equivocada. Operando en la oscuridad. Generando confusión y todo el desorden que impera en el mundo. Estoy diciendo que esta oscuridad es realmente algo formado dentro del contenido del pensamiento. El discernimiento ha disipado el contenido, el centro de la oscuridad, el creador de la oscuridad que es “el yo”. Esto significa un cambio físico en las células del cerebro. Ese centro, ese contenido que es el centro, constituye un determinado conjunto, una forma, una disposición de todas las células cerebrales, y eso, en cierto modo, se altera.

O: la pregunta siguiente es: ¿Cómo sucede el amor? ¿Cómo sucede la paz? La paz no tiene causa, la violencia tiene causa. ¿Cómo sucede eso sin causa cuando toda mi vida es causalidad? No hay “como” ¿correcto? El “como” implica una causa; por lo tanto, no hay “como”.

Esa oscuridad existe mientras es yo está ahí, él es el que origina la oscuridad. La pregunta acerca de cómo puedo obtener este destello del discernimiento, de cómo ocurre, es una pregunta errónea. Vea primero que no hay “como”, comprenderlo es tremendamente difícil.

¿Por qué no es natural para todos tener este discernimiento? ¿Por qué el amor no es natural para todos? ¿Por qué la paz es tal extraña para todos? Al no tener causa, no es cultivable. Ser un ser iluminado es sin causa ¿Es el privilegio de pocos? ¿Por qué el discernimiento no está presente en todos desde el principio?

En la sociedad tal como es, ese discernimiento no tiene cabida, porque la sociedad está organizada bajo la hipótesis de que el dolor y el placer son los que van a gobernar. Uno podría decir que la amistad es un instinto animal, porque las personas se vuelven amigables por razones instintivas, y tal vez se conviertan en enemigas por razones similares. La luz del discernimiento hace posible la percepción. El discernimiento es, entonces percepción pura, y desde esa percepción hay acción, la cual está sustentada por la consciencia, y la consciencia es percepción del orden. Diríamos entonces, que existen el discernimiento, la percepción y el orden. Pero ese orden no es mecánico porque no se base con ciertas reglas de lógica. Este orden no se basa en leyes, fluye libremente. Dije que el discernimiento es la eliminación de la oscuridad y la percepción no es posible en la oscuridad. En cierto modo, ésta implica ceguera. El “yo” es ciego. El yo no puede ver nada, excepto su propia oscuridad. Los instintos animales son arrolladores y el “yo” sigue luchando con ideas. Está tratando de salir de eso mediante el ejercicio del pensamiento, que genera oscuridad, y en esa oscuridad no hay nada sino división.

O: ¿Cómo he de disipar esta continua, esta constante oscuridad? Esa es la única pregunta, porque mientras la oscuridad existe, yo creo esta constante división. Vea, esto está girando en círculos. Yo puedo disipar la oscuridad únicamente a través del discernimiento, y no puedo tener ese discernimiento por ningún esfuerzo de la voluntad, de manera que me quedo sin nada. Yo tengo la energía necesaria. No tengo la capacidad de ver el hecho rápidamente, porque esto es instantáneo, no meramente algo que práctico y que a la larga he de lograr. No tengo la capacidad, me falta “el sentimiento de urgencia, de inmediatez”. Todo está contra mí: la sociedad, mi familia, mi esposa, ¡todo! ¿Cuál es, entonces, mi problema? Mi problema es percibir la oscuridad, percibir el pensamiento que está creando la oscuridad, y ver que el yo es el origen de esta oscuridad. ¿Por qué no puedo ver eso? ¿Por qué no puedo verlo ni siquiera lógicamente?

C: de hecho no hay división. Y la división produce, en todos los casos, oscuridad. Y viceversa, hacia atrás y hacia adelante y todo comienza a partir de ahí ¿qué haré, entonces? No admito la división, elimino este sentimiento de división. No división significa suprimir la división entre la vida y la muerte. Eliminar todo el sentido de moverse en la oscuridad. Primero responderé a la pregunta básica: ¿Hay vida después del nacimiento?

Son muchos los que nacen, pero muy pocos los que tienen vida. No se está vivo por el mero hecho de nacer. Si, se existe, pero la vida es mucho más que existir. Has nacido, pero a menos que renazcas en tu ser, no estás vivo, nunca vives. Eres un hombre en la oscuridad. Nacer es necesario pero no suficiente. Se necesita algo más, si no uno se dedica simplemente a vegetar, uno simplemente muere. Claro se trata de una muerte gradual, de la que eres tan inconsciente que no te enteras. Desde el nacimiento hasta la muerte tiene lugar una larga progresión de muerte.

Es muy raro cruzarse con una persona viva. Ellos saben lo que es la vida y mediante ese conocimiento la muerte desaparece. La muerte solo existe porque no sabes lo que es la vida, porque todavía eres inconsciente de la vida, de su eternidad. No has tocado la vida, por ello existe el miedo a la muerte. Quien conoce la vida sabe que la muerte es otro nacimiento, una nueva puerta que se abre, otro principio, otro periplo. Para el que ignora la vida eso son solo especulaciones, no significa gran cosa. Por eso es necesario un renacimiento; debes nacer dos veces. El nacimiento físico y el segundo es el auténtico: el nacimiento espiritual. Debes llegar a conocerte. Preguntarte ¿quién soy yo? No pierdas la oportunidad de conocer la vida mientras esta te rodea. Si uno puede ver, que el conocimiento propio es el principio de la meditación, entonces el problema se vuelve extraordinariamente interesante y vital, la meditación no es un apartarse de la vida; es un proceso de comprendernos a nosotros mismos. Sin conocimiento propio no hay meditación. Y, a medida que uno profundiza en la cuestión del conocimiento propio, no solo se serena y aquieta la mente superficial, sino que se revelan las diferentes capas de la mente oculta, descubrirás a la muerte a tu alrededor. En el amor, en el orgasmo, en las experiencias estéticas, en la música, en la poesía. Siempre que, de improviso, desaparezca tu ego, la muerte estará presente. Temes a la vida porque temes a la muerte y me gustaría enseñarte cómo morir para que perdieras todo el miedo a la muerte.

En el instante en que pierdes el miedo a morir, te vuelves capaz de vivir, no estoy hablando en contra de la vida. ¡Estoy locamente enamorado de la vida! Y debido a esto también me he enamorado de la muerte, es parte de la vida. Cuando amas la vida “totalmente”, ¿Cómo vas a evitar la muerte? También vas a morir.

Cuando amas profundamente a una mujer. La amas también cuando envejece y un día amarás su muerte. Forma parte de la mujer. La vejez ha surgido desde el interior, en la hermosa cara han aparecido arrugas, tú amas también esas arrugas. La vida se está desplegando. Las canas han hecho acto de presencia, se vuelve débil, ama también eso. Entonces un día, se habrá ido, ama también eso, el amor lo ama todo. Por eso te digo: ama a la muerte, te será muy fácil amar la vida.

La gente emplea lenguajes diferentes. Aunque empleen las mismas palabras no las emplean con el mismo significado. “Atiende al significado y no a las palabras”. Si atiendes a las palabras nunca comprenderás el significado que es algo distinto. Cuando Jesús a su dios le llamaba “Padre” se dirigía a él de un modo personal, cuando los cristianos lo llaman así lo hacen de forma absolutamente impersonal. Es cristiana pero impersonal. Cuando Jesús le llamaba “Padre” tenía un sentido, cuando tú lo llamas “Padre” carece de sentido, no has establecido contacto alguno, no hay un verdadero contacto con él. Solamente la experiencia de la vida, que no es mi creencia ni filosofía, te hará capaz de que te dirijas a él personalmente. Entonces podrás encontrarle, y a menos que encuentres a dios, estarás simplemente engañándote a ti mismo con palabras vacías, huecas, con palabras carentes de contenido.

O: veo que la acción del hombre, ilustrado o no, está dirigida hacia el proceso ilusorio, hacia lo que sustenta este proceso ilusorio, hacia el rumbo incorrecto ¿qué es el hombre espiritual?

C: la espiritualidad no es cuestión de moralidad, es una cuestión “de visión”. La espiritualidad no es la práctica de virtudes, porque si prácticas una virtud, ésta deja de ser una virtud. Una virtud practicada es una cosa muerta, una carga sin vida. La virtud solamente es virtud cuando es espontánea, cuando es natural, cuando brota de tu visión, de tu consciencia, de tu comprensión. La religión tiene ver con la circunferencia. Y la espiritualidad con el centro, la espiritualidad es lo real, la religión es sólo un subproducto, una vaga radiación. Y una de las mayores desgracias que le ha caído a la humanidad es que se incite a la gente a ser religiosa en lugar de espiritual. De ahí que se pongan a decorar la circunferencia, se piensa en la religión como en una práctica, no lo es. Ese es uno de los fundamentales malentendidos sobre la religión. Puedes practicar la no violencia, pero seguirás siendo violento porque “tu visión” no ha cambiado. Cargas aún con los viejos ojos. Una persona codiciosa seguirá siendo la misma aunque comparta incluso el compartir será corrompido por la codicia porque no puedes practicar nada que vaya contra tu comprensión, que esté más allá de tu comprensión. No puedes forzar tu vida según principios, a menos que esos principios formen parte de tu propia experiencia. Cambia el centro; en eso consiste la espiritualidad.

La espiritualidad es una rebelión interior que, por supuesto, afecta a la conducta, pero solo a modo de consecuencia.

Como estas más alerta y eres más consciente, tu comportamiento es naturalmente distinto y tu conducta presenta una cualidad, un aroma y una belleza distinta, pero no viceversa.

La espiritualidad es propia de tu ser esencial, y la religión, sólo de lo más externo, los actos, la conducta y la moralidad. La iglesia no es más que una especie de club, un acontecimiento social, con pretensiones religiosas.

La persona espiritual no se adscribe a ningún credo ni dogma. La espiritualidad es una, las religiones son cuentos. La espiritualidad es rebelión, la religión es ortodoxia. La espiritualidad es individual, la religión es seguir formando parte de la psicología de masas. La religión te reduce a un cordero, mientras que la espiritualidad es el rugido de un león.

La llamada gente religiosa han creado toda clase de maldades: guerras, odio, ira enemistad, asesinato, ellas han fragmentado la mente humana, no han sido una fuerza integradora, no han sanado las heridas del alma humana. Por su culpa, la humanidad está enferma, por ellos la humanidad está loca, y la locura surge de una cosa, esto ha de ser entendido tan profundamente como sea posible porque puede que tú también vayas en la dirección equivocada. La dirección equivocada tiene un tremendo atractivo. Pues sino no habría habido tanta gente que la siguiera. La fuerza magnética de la dirección equivocada de ser entendida: solamente entonces podrás evitarla. Puedes tratar de practicar cualquier cosa que te guste y puedes seguir oponiéndote a ella. Puedes forzar sobre ti una clase de quietud, sentarte en silencio en un postura de yoga, o repitiendo un mantra, y durante un tiempo puedes forzar una cierta quietud en tu ser, pero éste será el silencio del cementerio, no estará vivo, latiendo, vibrante. Lo obtienes sin comprensión alguna, lo has forzado sobre ti mismo, es un silencio practicado. El verdadero silencio surge de la comprensión.

La comprensión no es algo que surja del análisis, que surja a través del pensar, con el cavilar, a través de la lógica. La comprensión llega a través de experiencias más y más profundas ¿Por qué no estoy en silencio? ¿Por qué sigo creando en mi tantas tensiones? ¿Por qué sigo enredándome en modelos miserables? ¿Por qué sostengo mi infierno? Uno empieza a comprender el “porque” del infierno de uno, y con esa comprensión, lentamente, sin ninguna práctica de tu parte, empiezas a abandonar esas actitudes que crean el sufrimiento. No es que las abandones, simplemente empiezan a desaparecer.

Cuando empiezas a ver, surge la comprensión, y las cosas comienzan a cambiar, hay tres cosas en la vida:

1.- El mundo objetivo, el mundo de las cosas, todo el mundo es capaz de verlo, por naturaleza. Pero esto es solamente el comienzo del viaje, casi todos se han detenido ahí creyendo que han llegado, no llegaron, por eso son desgraciados. Es el mundo de la ciencia, la matemáticas, la física, la química, una persona objetiva, no te mira a ti, mira a tu alrededor. Su acercamiento no es directo, no es íntimo y tú sientes que hay algo que falta. Te está maltratando como si fueras una cosa. Están obsesionados con lo objetivo, cuando piensan en dios lo convierten en un objeto, es algo exterior. La gente pregunta ¿Qué prueba tenemos de dios? Las pruebas son necesarias solamente para las cosas. Lo que ha sido probado, a lo sumo, te hace sentirte más cómodo. Dios, “la base”, no es un objeto y no puede ser demostrado. La sociedad te convierte en una cosa en el mundo de las cosas, entonces te vuelves repugnante. Pierdes la libertad, pierdes tu espacio interior, pierdes la libertad.

Pierdes tu espacio interior, pierdes el arte, pierdes significado. Lo útil está ahí, pero ¿Quién vive para lo útil? Lo útil nunca puede ser satisfactorio. Estás siendo utilizado, ¿Cómo va a ser satisfactorio? Siempre que sientes que estás siendo utilizado, te sientes ofendido. Utilizar a alguien es un crimen y permitir que alguien te utilice también es un crimen. Es un crimen contra dios.

Pero la gente también utiliza a Dios, tus rezos, si ocultan alguna motivación, algún deseo, son repugnantes. Pero tanto si construyes, una imagen de dios como si no la construyes, si la mente es objetiva, tu idea de dios será objetiva. Puedes hacer una imagen con cualquier cosa: con el pensar, con las ideas, eso también es una imagen: hecha de un material más sutil, pero aun asi una imagen.

El hombre seguirá siendo el mismo a menos que cambie su dimensión. En el Gita, Arjuna, el discípulo de Krishna, pregunta una y otra vez, “hablas y hablas de él, pero a menos que lo vea, no creeré”. ¿Qué es lo que afirma? Dice, “hagamos a dios objetivo y entonces creeré” y Krishna concedió su deseo. A mi esto no me complace, porque conceder este deseo quiere decir aceptar que la dimensión objetiva es capaz de ver a dios. La historia dice que entonces Krishna reveló su realidad, su vastedad, reveló a dios. Arjuna empezó a temblar y a agitarse. Dijo “¡Detente! ¡Ya es suficiente! ¡He visto! Contemplo a Krishna expandiéndose y convirtiéndose en el universo entero, el comienzo del mundo y el final del mundo y toda la vida y toda la muerte estaba allí, en Krishna. Era demasiado, no pudo soportarlo, grito “¡Déjalo!”, entonces empezó a creer.

Pero este creer no cambia el objeto, la dimensión objetiva. No creía porque no había visto, ahora que lo había visto, creía, pero dios sigue estando en el mundo objetivo. Dios sigue siendo una cosa. No estoy contento con Krishna porque hizo esto. No debería haberlo hecho. Es acceder a un estúpido deseo del discípulo. El discípulo necesita ser cambiado de dimensión: debería de volverse más subjetivo. Pero seguimos siendo los mismos. Cambiamos las formas. Pero seguimos siendo los mismos.

2.- El mundo objetivo ha de ser explorado, nadie nace con una visión de lo subjetivo, uno ha de aprender lo que es, uno ha de probarlo poco a poco y ha de entrar en ello poco a poco. El mundo de la música, de la poesía, del arte, el mundo de la creatividad de la belleza, es el mundo de lo subjetivo. El hombre que empieza a moverse hacia adentro se va volviendo más poético, más estético. Posee un diferente aroma a su alrededor. Un aura distinta, el científico vive con cosas, el poeta vive con personas, cuando empleo la palabra “persona” quiero decir que hay un “interior” que no es observable mediante la observación exterior, mediante el análisis, mediante la disección, una roca existe, no posee interior, puedes partirla y lo verás todo. Pero si “rompes” una persona, de inmediato algo de un tremendo valor desaparece. Te quedas con un cuerpo sin vida, y el cuerpo sin vida no es la persona. Solamente cuando alguien “que ama” que su acción es con amor te toca y sostiene tu mano, te haces persona. Por eso la gente anhela el amor, te gustaría que alguien se diera cuenta de que eres una persona, no una cosa.

Solamente el amor puede revelarte tu propio interior, puede hacerte sentir que tú no eres únicamente eso que se ve desde el exterior. Eres algo más, eres algo totalmente distinto a eso que aparentas ser.

Y a menos que alguien te mire y te trate con amor, tu propio interior permanecerá sin ser reconocido, sin ser colmado. La subjetiva es la dimensión interior, de la poesía, del arte, de la música, es mejor que la dimensión científica porque es más profunda, porque está más cercana a tu hogar. El arte (obrar con amor) aporta significado a la vida.

Lo que no es sustentado con pruebas aporta significado a la vida. Ese amor existe, pero no puedes poseerlo. Si tratas de poseerlo, entonces perteneces a la dimensión objetiva y estás matando al amor, por eso la posesividad es destructiva lo primero que hay que entender es que necesitas cambiar de lo objetivo a lo subjetivo. Medita más y más sobre tus emociones, sobre tus pensamientos, con los ojos cerrados. Mira más profundamente en tu mundo interior que es absolutamente privado. Lo objetivo es público, lo subjetivo es privado. Desplaza tu consciencia más y más hacia lo privado el meditador vive una vida privada, el político vive una vida pública. Gandhi solía decir que él no tenía vida privada. Eso significa que debió de llevar una existencia muy pobre. Una vida privada es una vida rica, deberías empezar a aprender como amar lo privado, porque lo privado es la puerta hacia “la base”, hacia el éxtasis, hacia el amor. Disfruta con las cosas que son privadas, la música, el arte en sus sesenta y cuatro caras, la poesía. El Zen insiste en la caligrafía, en la jardinería, en todo lo que es absolutamente privado, en eso que vives desde el interior hacia el exterior, en algo que surge como una ola desde el centro más interno de tu ser y que se expande hacia el exterior. En el mundo exterior dependes de los demás. En la vida privada comienzas a convertirte en el amo de tu propio ser. Para mí la creatividad tiene una tremenda importancia. Todos pueden ser creadores de una u otra forma. No importa si alguien lo llega a saber o no: carece absolutamente de importancia, puedes hacer algo que nazca del amor, entonces será algo creativo. Puedes disfrutar mientras lo haces, entonces se convertirá en creativo.

3.- El mundo espiritual, es el trascendental, eso que va más allá de lo objetivo y lo subjetivo, que no está dentro ni fuera en él, los dos están implícitos, en él ambos están implicados, pero aun así es superior a los dos, está más allá de ellos. Si después de una tormenta se sientan a la orilla de un rio, ven cómo la corriente que pasa arrastra una gran cantidad de desechos. De igual manera, tenemos que observar nuestro propio movimiento interno, seguir cada pensamiento, cada sentimiento, cada intención, cada motivo. Simplemente observarlos, ese observar es también un escuchar. Es estar atentos con nuestros ojos, con nuestros oídos, con nuestra percepción directa. A todos los valores que han creado los seres humanos y por los cuales estamos condicionados. Sólo este estado de percepción alerta total terminará con todas las búsquedas.

Buscar y encontrar implica un desperdicio de energía. La mente común en sí es poco clara, confusa, temerosa, desdichada, ansiosa ¿Qué puede uno encontrar, excepto más caos? Pero cuando hay discernimiento, cuando la mente no está atemorizada, cuando no exige seguridad, entonces no hay un buscar y, por lo tanto, no hay un encontrar. Ver “la base”, la verdad, no es un acto espiritual.

El único acto espiritual es dar con esta claridad interna a través del conocimiento propio. Empezar a observar al que ve, al testigo. Al que está observando esos pensamientos. Estando atentos a todos nuestros deseos íntimos y secretos y permitiéndose que se desplieguen, sin corregirlos, vigilándolos siempre. Gracias a ese constante observar adviene el discernimiento y sensibilidad extraordinarias y una tremenda conservación de energía. Y uno debe tener una energía inmensa, porque toda acción es energía, la vida misma es energía. Cuando nos sentimos desdichados, ansiosos, celosos, cuando disputamos, cuando estamos atemorizados, cuando nos sentimos halagados o insultados… todo eso es una disipación de energía. También es una disipación de energía estar enfermos, físicamente o en lo interno.

Todo lo que hacemos, pensamos y sentimos es un flujo de energías. O bien comprendemos la disipación de la energía y, por lo tanto, gracias a esa comprensión hay una concentración natural de toda la energía, o gastamos nuestras vidas luchando por reunir distintas expresiones contradictorias de la energía, esperando llegar desde lo periférico a la esencia.

La esencia de la espiritualidad es lo sagrado, que no tiene nada que ver con las organizaciones religiosas ni con la mente atrapada y condicionada por una creencia, un dogma. No hay nada sagrado en relación con el dogmatismo, el ritualismo, el sentimentalismo o el emocionalismo. No me interesa lo que se supone que es sagrado: el símbolo, la palabra, la persona, la imagen, una experiencia particular, todo lo cual es inmaduro. La comprensión llega gracias al observar, al estar atentos, atentos en primer lugar a las cosas exteriores. La mente no puede cabalgar sobre la ola de la percepción interna sin percibir primero la conducto externa, los gestos externos, las costumbres, la formas, el tamaño, el color, la apariencia de una persona. Es la misma marea que sale y entra, y a menos que conozcamos la marea externa, jamás sabremos qué es marea interna. Una persona espiritual fluye, discurre con un río, busca, explora, siempre en pos y explorando lo desconocido, siempre abandonando lo conocido y adentrándose en lo desconocido, siempre escogiendo lo desconocido en vez de lo conocido sacrificando lo conocido en pos de lo desconocido.

Y siempre dispuesto a ello, un hombre espiritual es un vagabundo, un trotamundo, en su mundo interior sigue viajando, yendo de un lugar a otro, anhela conocer todos los espacios que conforman su ser.

Cuando abandones los objetos, y también los pensamientos quedarás solo en tu pureza. Entonces en esta soledad está la liberación, el moksha, en esta soledad está el nirvana, en esta soledad, por vez primera, estás en lo real, frente a “la base”, da un paso más para disolverte en ella. Solo así serás total, serás eterno. Esto no es la suma de lo objetivo y lo subjetivo, es algo más.

La espiritualidad es la visión del más allá.

Si realmente quieres llegar a conocer “la verdad”, las escrituras no te servirán de nada. Tampoco te servirá de nada irte al Aconquija, sólo hay una cosa que te puede ayudar: “empieza a ver las cosas sin la mente”.

Cuando mires a un animal, no permitas que la mente diga nada. Sólo míralo. Será difícil debido a tu viejo hábito de interpretar, siempre estás interpretando, y las interpretaciones difieren. Las interpretaciones dependen de la mente.

Cómo ves las cosas dependen de ti, no de las cosas. A no ser que llegues a un punto en el que abandones la mente interpretativa y veas directamente, inmediatamente, la mente es tu mediador. Te trae las cosas distorsionadas, te trae las cosas mezcladas con interpretaciones. No son puras. Así que la única forma de alcanzar la verdad es cómo aprender a que tu visión “sea inmediata”, cómo abandonar la ayuda de la mente.

Esta gestión de la mente es el problema, porque la mente sólo puede crear sueños, y puede crear sueños maravillosos que pueden emocionarte. Y a través de esa emoción, el sueño empieza a parecer la realidad. Cuando hay un discernimiento de nuestra mente y cuerpo, cuando nos damos cuenta de nuestros pensamientos y sentimientos, tanto de los ocultos como de los manifiestos, de los conscientes y los inconscientes, entonces, a causa de esa percepción alerta, adviene una claridad que no es inducida ni generada por la mente.

Sin ese discernimiento podrás explorar los cielos y la tierra y las profundidades, pero jamás descubrirás lo verdadero. Debes tener “la sensibilidad” del discernimiento lo cual no implica practicar el discernimiento. La práctica del discernimiento sólo conduce al hábito, y el hábito es destructivo de toda sensibilidad. Una mente embotada, superficial, condicionada, trivial, puede tomar una droga y por un segundo puede tener una experiencia asombrosa, pero sigue siendo una mente trivial. Procura descubrir cómo poner fin a la trivialidad de la mente. La trivialidad no se termina reuniendo más información, más conocimiento, escuchando la gran música, viendo los lugares bellos del mundo, lo que pone fin a la trivialidad es el discernimiento del conocimiento propio, el movimiento de la mente libre de restricciones. Sólo una mente así es espiritual.

La esencia de la espiritualidad es “lo sagrado”, pero lo sagrado no se encuentra en ninguna iglesia, en ningún templo, ningún lugar geográfico, en ninguna imagen. Cuando uno comprende “lo sagrado” la vida tiene un significado por completo diferente, entonces todo tiene belleza, y la belleza es “lo sagrado”. La belleza no es aquello que nos estimula, cuando vemos una montaña, un río, un valle, una flor, un rostro, puede que digamos que eso es bello porque nos estimula, pero la belleza de que estoy hablando no ofrece ningún tipo de estímulo. Es una belleza que no puede encontrarse en ninguna pintura, en ningún símbolo, en ninguna palabra, en ninguna música. Esa belleza es lo sagrado, es la esencia de una mente espiritual, de una mente consciente en su conocimiento propio. Uno da con esa belleza, no cuando desea, ansía tener experiencias, sino sólo cuando todo deseo de experiencias llega a su fin; y ésta es una de las cosas más difíciles de comprender. Una mente consciente en el conocimiento propio, una mente que es la esencia misma de la claridad y la luz, no tiene necesidad de experiencias. Es lo que es.

La claridad adviene, pues, con el conocimiento propio y no mediante la instrucción de otro, ya se trate de un escritor ingenioso, un psicólogo, un filósofo o un maestro espiritual. Lo sagrado no existe sin el amor y la comprensión de la “muerte”. ¿Sabes?, una de las cosas más maravillosas que hay en la vida es descubrir algo inesperadamente, espontáneamente, dar con algo sin premeditación y ver instantáneamente la belleza, lo sagrado de ello, su realidad. Pero una mente que busca y desea encontrar, jamás estará en esa situación. El amor no es algo que pueda ser cultivado. El amor, al igual que la humildad, no pueden ser producidos por la mente. Sólo el hombre vanidoso intenta ser humilde; sólo el hombre orgulloso busca librarse de su orgullo practicando la humildad. Para escuchar y, por ende, aprender, tiene que existir una cualidad espontánea de humildad; y una mente que ha comprendido la naturaleza de la humildad jamás sigue, jamás obedece. Porque, ¿cómo puede aquello que niega por completo, que está totalmente vacío, obedecer o seguir a alguien?







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