En marzo de 1918 se produjo la ofensiva final alemana, con un asalto general que sorprendió a los aliados. Uno de los objetivos del Estado Mayor alemán fue crear la mayor confusión posible tras las líneas enemigas y con tal fin puso en práctica un proyecto de Krupp: una de las piezas artilleras más inusuales de la guerra inició sus bombardeos «estratégicos».