Aliro Eladio Ibarrola tiene 49 años, vive en el barrio Jorge Newbery y trabaja en el Club Huergo de Comodoro Rivadavia. El hombre de baja estatura y rasgos sureños es clase 62 y forma parte de aquella generación que vivió en carne propia la Guerra de Malvinas.
Su historia tiene matices muy distintos a las de otros veteranos, ya que Aliro es de Puerto Montt, Chile, donde realizó sus estudios primarios y secundarios.
En Chile, Aliro llevaba una vida tranquila, trabajando junto a su padre y sus tres hermanos cargando camiones de algas y mariscos y aportando a la economía familiar que daba el margen justo para llegar a fin de mes. Sin embargo, al cumplir los 18 años sintió la necesidad de cumplir en Argentina con el Servicio Militar que era obligatorio, dado que había nacido de paso en neuquén.
Regresó a la Argentina para cumplir con su deber cívico y personal. Su arribo en julio de 1981 lo obligó a presentarse recién a principios del año siguiente.
UN SOLDADO CON ACENTO CHILENO
El acento chileno evidenciaba su vida en el país trasandino. Luego de dos meses de Servicio Militar a Aliro le tocó viajar a las islas junto a la compañía del Batallón Logístico IX de Comodoro Rivadavia.
“Me dijeron que me tenía que sentir orgulloso y contento de ser privilegiado de ir, y bueno ahí me preguntaba, siempre lo digo: ‘¿Malvinas dónde queda?’. Porque nos comunicaron que teníamos que ir y yo ignoraba dónde estaban las islas”, le confesó a Diario Patagónico.
A las islas llegó en un avión comercial. Allí, junto a Lorenzo Navarrete, José Guaiquil y Jorge Raín vivió la guerra realizando tareas de rancho. Sesenta y cuatro días estuvieron en un pozo de zorro tratando de soportar el frío y el miedo que provocaban las bombas que caían en el terreno.
“Te voy a decir una cosa: ‘tratá de no hablar como chileno porque cuando hablás la pasás a cagar’”, le aconsejaba un sargento. “Hablá lo justo y necesario porque te van a molestar, te van a cargar y hasta te pueden humillar, con ese acento”, agregaba.
Los bombardeos eran diarios y despertaban los peores temores, más aún cuando la derrota era evidente y restaba esperar la rendición argentina.
VOLVER A LA VIDA
El peso de la guerra quedó aún después de que terminó el combate en las islas. Los días en Malvinas fueron duros por el bombardeo aéreo y el frío permanente que sufrieron por negligencias militares de quienes tenían el poder. Sin embargo, la guerra continuó una vez que buscaron reintegrarse a la sociedad.
Trabajando en el Club Huergo, Aliro soportó noches oscuras donde las ráfagas aparecían entre medio de los recuerdos. Esto lo llevó a pelear su propia batalla, aunque ésta la pudo ganar gracias a la contención de su familia y al amor de sus dos hijos.
Hoy, él recuerda el 2 de abril con emoción. “Yo le agradezco a mi familia que me ayudó, a mi tío que me albergó y al que me ayudó a hacer el servicio militar. También a mis vecinos y amigos que estuvieron antes y después de la guerra”, enumera.
“Siempre dije que no quería volver nunca más, pero hoy sí lo siento. Quiero ver dónde estuvimos y quiero ponerme en el lugar de todos los papás y mamás que tienen su hijo allá en Malvinas e ir a desahogarme y llorar, tocar la cruz de cada uno porque nos podría haber tocado a cualquiera de nosotros. Eso sería el broche de oro para terminar una etapa de mi vida”, asegura.
¿Yo no podría llamar traidor a este hombre y vos?
via Taringa.net - �ltimos posts http://ift.tt/1oZZfpE
No hay comentarios:
Publicar un comentario