Los sintoistas adoraban a los kami, o fuerzas divinas presentes en la naturaleza. Los kami son atropomórficos, tanto en su forma como en sus acciones, y poseen dos almas, una amable y otra agresiva. Algunos viven en el cielo, otros en la Tierra, y, como no son omniscientes, son necesarios mensajeros para que los unos puedan comunicarse con los otros. Según ciertos cálculos hay mas de ocho millones de dioses en el poblado panteón japonés, y sus funciones parecen a menudo confusas, ya que los mitos que cuentan sus acciones son marcadamente locales y varían de un lugar a otro, como también varían en las primeras fuentes escritas.