domingo, 24 de noviembre de 2013

Ballenas Muertas (Relato Propio) (10 puntos)

Ballenas Muertas

Descubrió al monstruo y dio un grito que nadie oyó. Emprendió una carrera interminable hasta el albergue abandonado donde lo aguardaba el detective. Habían acordado reunirse allí para ponerle un fin a esto de una vez por todas. La lluvia caía sin cesar, haciendo cada vez más intransitables las calles del este de La ciudad. Ya eran pasadas de la medianoche, no había nadie fuera.


Todo había comenzado con la aparición de aquellas ballenas muertas en la costa. Un hecho inexplicable, no sólo por la desmesurada cantidad, en un lapso de cuatro días habían aparecido un total de trece cetáceos, sino por el hecho de que allí nunca habían tenido registro de presencia alguna de dichos animales.


El descubrimiento del monstruo había echado luz sobre el asunto. La aterradora criatura era la responsable de aquellos extraños hechos. Ahora, debían acabar con él.


El detective Francis estaba preparado para ello, tenía el instrumento adecuado para acabar con la feroz criatura. Todo dependía de que Carl la atrajese hasta el albergue.


Desde hace generaciones, su familia había estado a cargo del faro de la bahía. Ello fue lo que le permitió, en una de sus inspecciones rutinarias, descubrir una misteriosa criatura, de unos dos metros y medio de alto, fornida como un gigante de circo, de un color verde musgo. La extraordinaria bestia comía las entrañas de las ballenas que ella misma cazaba y dejaba sobre la arena de la playa.




Tras una interminable y agotadora carrera por las embarradas calles de la ciudad, Carl llegó al albergue seguido por el monstruo a unos cincuenta metros. Al intentar abrir la puerta descubrió que esta estaba trancada por dentro. ¿El detective Francis le habría tendido una trampa? Mientras Carl se hacía ésta y más preguntas, oyó que lo llamaban.


-¡Hey, Carl! Aquí, en la ventana.


Rápidamente Carl se dirigió a la ventana por la que se asomaba el detective Francis. La temible bestia ya estaba muy cerca, a menos de diez metros. Carl tomó la mano del detective para subir por la ventana y en ese preciso momento sintió un calor ardiente por la mitad de su muslo derecho. Por allí fue por donde la criatura le arrancó la pierna de un bocado.


Aterrorizado por la situación, el detective Francis soltó la mano de su compañero y éste, tras caer en las fauces del monstruo, desapareció entre salpicaduras de sangre, carne y tripas. El detective saco de su revólver de su funda, no tenía tiempo de llevar a la bestia hasta su mortífera trampa.


Disparó. Pero fue como si nada hubiera ocurrido. Disparó cinco veces más hasta vaciar su arma. El monstruo estaba prácticamente sobre él. Intentó escapar pero se resbaló. Sus gritos de ayuda pronto quedaron ahogados en su propia sangre.


Rodrigo Jáuregui Ressia. 6 de Noviembre de 2013.







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