Fue el líder de Fun People y, como solista, es un referente del rock independiente y artesanal de la Argentina, que viaja por todo el mundo. Hoy repasa su carrera en el Konex.
Atención: las palabras de este tipo podrían cambiar su visión del mundo para siempre. ¿Qué son la belleza, las utopías y la rebeldía en la cabeza de un brujo que destruye con colores, patadas y poesía la maquinaria que escupe la pantalla? Carlos Rodríguez es Boom Boom Kid, o Nekro, o Il Carlo, o cualquiera de los alter egos que viven en su mundo de fantasía al servicio de un camino de independencia real y autogestión. El que arma sus propias giras desde Japón hasta el Uritorco. El poeta sobre ruedas que reclama oxígeno a grito pelado. El hombre que no mató al niño ni perdió el asombro. Vaya tranquilo, avance sin miedo. Destruirlo todo, puede ser la única cosa coherente que pueda hacer en el suspiro de vida que posee.
Fuiste a todos lados con tu música, ¿qué te enseñó el mundo después de tanto viaje?
Muchas cosas. Estoy en la búsqueda de la paz, la libertad y el amor. Me dedico a eso. Escribo sobre la búsqueda de más oxígeno. Lo reclamo. Hace 15 años que estoy con mis amigos de Boom Boom Kid. Vamos a nuestro tiempo y como queremos. Somos felices así. Todavía tenemos ganas de salir y gritar. La música para nosotros es una terapia, como los viajes. No lo podemos abandonar. Desde chico practico la “gritoterapia”: grito y saco las cosas que no me gustan, como un mantra. Viajar hace bien, tomar aire de otros lados. Tengo amigos por todo el mundo. Voy a Japón y tengo dónde parar. A México, Canadá, Europa, Australia, Ushuaia, Uritorco o la Isla de Galápagos. Tranquilo, despacio, pero con continuidad, como la estrella, decía Goethe. Persigo eso, si no, estoy frito. Acá se viene a gozar. El que no lo entiende, pobrecito. La vida es corta.
¿Qué es la belleza?
Belleza es todo, depende de uno. Este café, esta charla, la vida, la música que sana. El instante en que aparece la palabra para completar la frase. Los amigos.
¿Por qué este camino de libertad y autogestión se da tan poco en el rock de hoy, tan corporativo?
No sé, yo soy un poco artesano, me gusta la comida casera. Hace años que no entramos a un estudio, que no ensayamos. Los discos los grabamos por todos lados. Estados Unidos o González Catán. Cuando hay ganas y cosas que decir. La música sólo nos sirve si nos da tranquilidad. Estamos medio en la del médico brujo. Acá la historia es ser feliz.
Una de tus virtudes es el universo de fantasía que se respira alrededor de tu arte. Has sabido proteger al niño del hombre.
Me permito jugar, yo no soy un niño. Me dejo ser. Los niños se dejan ser. Protejo mucho mi ser. Ser lo que quiero hacer. En esa locura vivo como un “estado de sin padres” y tengo mis sueños intactos. Una persona como todas, con todos los golpes que recibe un ser humano. Pero, como Nicolino Locche, sé esquivar ciertas cosas.
¿Quiénes son tus referentes fuera de la música?
Todo es arte, hasta los ravioles que hace mi abuela. Es una artista. La tierra, el sol, el agua, el viento. Yo vivo maravillado. Me gusta la arquitectura y mi lugar favorito de Buenos Aires son los cementerios. Voy con mi simples, mi libro, a escuchar música. No hay lugar más silencioso.
¿Te atrae la muerte?
No sé, no la conozco. ¿Quién te dice que esto, un poco, no sea la muerte?
¿Qué es la rebeldía hoy en día?
Tomarse vacaciones toda tu vida. No hacer algo que no te gusta. Poner piedras en el engranaje.
¿Y los enemigos?
Los medios de comunicación y su vaciamiento mental. ¡La Iglesia! La peor caca que existe. Los sueldos, cada vez más bajos para que te pases el día laburando, sin tiempo para charlar, leer, pensar. No estoy de acuerdo con lo que pasa acá. Ni hoy, ni ayer, ni desde que nací. Veo un plan maléfico al cual no pertenezco. Mi tarea es poner color donde no lo hay, es mi delirio, mi viaje más utópico. Creo mi propio mundo.
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