domingo, 2 de marzo de 2014

Ausencias... (0 puntos)

DELIRO, DELIRO....

Llevo como una estrella turbia a través de una senda agreste, y un ala sombría eclipsa mi ser…

No muere el alma a manos del Amor, sino que muere por el frío de su ausencia… por la ausencia de tus besos, por la ausencia de tus ojos, por la ausencia de tu ardor… ardor que me embriagaba, ardor que me avivaba, ardor que tanto deseaba en este orbe álgido y poético.

Mar fluorescente con peces de los abismos etéreos…

¡Oh, mi lejana Eulalia! Deliro y exclamo mi amargura, después de callar por mucho tiempo… después de adentrarme en un ensueño fugaz y escondido… después de sentir una sed abrasadora y fatal.

Y susurro, susurro con melancolía áurea, esperando que el viento desbocado acaricie tu ser:

¡Eulalia, mi bella Eulalia, con tan sólo unos de tus besos menguaría mi zozobra!


HUERFANO


Besos yertos entre los rosales marchitos de tu ser. ¡Oh, desventurado huérfano! Imaginas el afable calor de tu madre entre aquellos jardines ya ennegrecidos, cuasi babilónicos y algo envanecidos. Pero qué sueño más hirsuto. ¿Está tu santa madre entre aquellas rosas secas? Ciertamente, ella está; con sus manos frías, con su beldad opaca y su cabello gris como la tarde mustia de otoño.

¡Búscala, búscala sin descanso, hermano mío!

Y permite que tu tristeza descanse en un bello sueño profundo.


ESTE NIDO MÍO…


…Porque este nido mío, es todo mi mundo, y algunas veces pienso que muchas personas desean estar aquí; quizás, cuando el frío fantasma de mi padre se desvanezca, puedan ingresar unos cuantos invitados. Pues no me gustaría que justo ahora salieran corriendo ante tal avistamiento.


RISA A RISA / LLANTO A LLANTO


Cae una lágrima de esmeralda sobre un tambor y se escucha un lamento apoteósico… Y serpea, serpea este lamento hasta los abismos ignotos, llevándose consigo mi Tristeza, mi Dolor.


Cae una álgida gota de sudor en una fuente de plata y se escucha un horrísono bramido de victoria… Y serpea, serpea este bramido devastador hasta los abismos ignotos, llevándose consigo mi Cansancio, mi Santo Tedio.


Cae una gota de sangre mustia sobre un altar e impera el silencio, el silencio sapiente, el silencio cruel… Y serpeo, serpeo con temor, huyendo de aquel mutismo inhumano; y me pierdo de tanto huir, de tanto correr, de tanto temblar; y también se pierde mi alma, y la instila el silencio desalmado, el silencio caliguliano; gota a gota, risa a risa, llanto a llanto, me voy desvaneciendo, acobijado con la nada, con lo inexistente, acobijado con algún dios de antaño…


PADRE


Tal vez, el verdadero Padre es el que siembra la semilla, el que fluye por las venas, ya sea como veneno delirante o como absenta exquisita o, como en algunos casos, ambos; ¡alquimia divina! Quizás, ese hombre, ese taumaturgo inconsciente, es quien deja, con gran displicencia, una bondad, una duda, un vacío, una iniquidad, un abandono…

Porque nada puede hacer otro fulano cuando el alma del artista ya ha ungido su obra… estatua de alabastro, de alabastro infinito, de veneno delirante, de absenta exquisita…

¡Alquimia, Alquimia Divina!


TULIPANES


Un velo de seda cubre el rostro de madre, cubre su beldad nívea, su esplendor eterno, su santidad lilial. Sus largos cabellos negros, como mi ingente dolor, se extienden por el lecho y parecen los abismos insondables de una mar de llanto y aflicción.

-¡Oh, madre! Aquí estoy, el que siempre estuvo ausente, ¡el más querido, el más odiado! ¡Qué me abrace la Parca en esta hora sombría, pues mi corazón deshecho está! ¡Madre, mujer del perpetuo sufrimiento! Gélida está mi alma, porque ya mi lumbre se ha extinguido. Te he traído tulipanes, los tulipanes que tanto amabas; y parecen una ensoñación… ¡Pero, por qué me miento! Ya el mundo es mustio y ausente, ya el mundo es incoloro e inerte. ¡Madre, madre mía, mujer del amor inquebrantable! Susúrrame algo al oído, pues creo que ya muerto estoy. ¡Ven por mí, madre, mujer del canto melifluo! Ven y guárdame de nuevo en tu vientre. ¡Ven por mí, madre, mujer de alma sedosa! Ven y volemos juntos a un maravilloso trasmundo: de éteres luminosos, purpúreos, áureos, azulinos, rosáceos, argénteos, turquesa; con ángeles impolutos por doquier, ríos de cristal y esmeralda, llanuras interminables de un verde magistral, céfiros apacibles con mil fragancias sublimes; y tulipanes, jardines gloriosos de tulipanes inmarchitables, aquellos tulipanes que tanto amabas, madre mía…-


L. ESTEBAN TORRES







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